Beit Ein Sof Academy
¿Cuándo existió realmente la Torá?
Primera auditoría crítica de la hipótesis de Russell Gmirkin
Estado: Investigación preliminar | Documento de trabajo
Durante siglos, la tradición sostuvo que la Torá era antigua, revelada y única. La crítica moderna la fragmentó en fuentes y capas. Ahora, una tesis reciente propone algo más radical: que el Pentateuco fue compuesto en época helenística, tardía, y en diálogo directo con la literatura griega.
La pregunta queda abierta: ¿cuándo existió realmente la Torá?
Nota metodológica
A lo largo de este informe, cada afirmación se clasifica según su estatus epistémico. Estas etiquetas permiten distinguir lo que está documentado, lo que se deduce razonablemente y lo que permanece como conjetura.
HECHO
Dato documentado y verificable en las fuentes.
INFERENCIA
Deducción razonable a partir de los hechos.
HIPÓTESIS
Conjetura que aún requiere confirmación.
Parte I
El estado de la cuestión
1. El paradigma tradicional y su erosión
La datación de la Torá ha atravesado tres grandes fases interpretativas. Cada una desplazó la anterior sin cerrar del todo el debate, y las tres siguen presentes en la discusión académica contemporánea.
[HECHO] La hipótesis documentaria clásica identificó cuatro fuentes —yahvista, eloísta, deuteronomista y sacerdotal— redactadas entre los siglos IX y V a. C.
[INFERENCIA] Si las capas más tardías presuponen instituciones postexílicas, entonces la redacción final no puede ser anterior al período persa.
[HIPÓTESIS] Gmirkin propone que el Pentateuco entero se compuso hacia el 270 a. C. en Alejandría, con acceso directo a Beroso, Manetón y la historiografía griega.
Los puntos de anclaje del debate
- ▪ La evidencia epigráfica del período persa y su silencio sobre un canon fijo.
- ▪ Los paralelismos legales entre el Éxodo y los códigos griegos y mesopotámicos.
- ▪ La fecha y las circunstancias de la traducción de la Septuaginta.
- ▪ El testimonio de la comunidad judía de Elefantina.
Parte II
El examen de las fuentes
2. Los papiros de Elefantina
La colonia judía del Nilo
Los papiros arameos de Elefantina documentan una comunidad judía del siglo V a. C. que mantenía un templo propio y celebraba festividades sin mención explícita de la Torá mosaica.
| Papiro | Fecha aprox. | Contenido | Relevancia teológica |
|---|---|---|---|
| TAD A4.1 (Carta de Passover) | 419 a.C. | Instrucciones para la observancia de Matzot enviadas desde Persia | Presupone autoridad persa sobre la práctica religiosa judía |
| TAD B7.1–3 (Contratos de matrimonio) | s. V a.C. | Documentan matrimonios mixtos y derechos de la mujer | Divergen del código levítico en materia de divorcio |
| TAD A4.7–8 (Carta del Templo de Yahu) | 407 a.C. | Petición de reconstrucción del templo destruido por sacerdotes de Khnum | Demuestra culto yahvista fuera de Jerusalén sin centralización |
| TAD C3.15 (Combinación de Yahu y Anat) | s. V a.C. | Referencias a deidades femeninas asociadas a Yahveh | Sugiere politeísmo práctico incompatible con el monoteísmo pentateucal |
Nota metodológica
Este informe distingue sistemáticamente tres niveles epistémicos, marcados entre corchetes:
- [HECHO] — un dato verificable de forma directa: un manuscrito fechado, una cita textual, una fecha de reinado documentada.
- [INFERENCIA] — una conclusión razonable pero no directamente observada, derivada de datos mediante argumentación (p. ej. “si Demetrio usa la cronología de la LXX, entonces la LXX ya existía cuando escribió”).
- [HIPÓTESIS] — una reconstrucción especulativa, sostenida por un autor o escuela, que depende de eslabones no verificados o de lectura de silencios documentales (p. ej. la propuesta de Gmirkin de que el Pentateuco entero fue redactado por los mismos Setenta que la Septuaginta).
La Parte I reconstruye —sin resumir de forma genérica, sino siguiendo la arquitectura argumental exacta del autor— la hipótesis de Gmirkin tal como aparece en los dos libros suministrados. La Parte II investiga, de manera independiente y sin presuponer ni la cronología documentalista clásica ni la de Gmirkin, la evidencia externa que obliga a reconocer la existencia de Génesis, Éxodo, Levítico, Números, Deuteronomio o un Pentateuco comparable. La Parte III intenta activamente falsar la fecha de Gmirkin (273-272 a.C.) contrastándola con esa evidencia. La Parte IV sintetiza una ventana cronológica final.
Advertencia bibliográfica: los libros suministrados son monografías académicas publicadas por editoriales de prestigio (T&T Clark / Copenhagen International Series; Routledge), pero representan una posición minoritaria dentro de la disciplina (asociada a la llamada “escuela de Copenhague” / minimalismo bíblico tardío). Este informe presenta su argumentación con precisión y detalle, pero la contrasta en todo momento con la investigación académica mayoritaria.
PARTE I — La hipótesis de Gmirkin, punto por punto
1. Cuándo fecha exactamente cada obra/libro/capa del Pentateuco
Gmirkin no data el Pentateuco mediante una evolución de fuentes a lo largo de siglos (como la Hipótesis Documentaria de Wellhausen), sino que sostiene una composición unitaria y compacta: “el Pentateuco hebreo fue compuesto en su totalidad hacia 273-272 a.C. por eruditos judíos en Alejandría” (Berossus and Genesis, p. 1). Esta es la tesis central de todo el proyecto Gmirkin (2006, 2017, 2022).
El propio libro de 2006 (cap. 11, tabla resumen, p. 245) ofrece un cuadro de controles cronológicos por línea de evidencia:
| Tabla de las Naciones (Gn 10, fuente P) | Cierto: 278-255 a.C. · Probable: 273-269 a.C. |
| Maldición de Canaán (Gn 9, fuente J) | Probable: 273-272 a.C. (fin de la Primera Guerra Siria) |
| Dependencia de Beroso (Gn 1-11, J y P) | Cierto: después de 278 a.C. |
| Dependencia de Manetón (Éxodo, JEP) | Cierto: después de 285-280 a.C. |
| Leyenda de Nectanebo (Moisés) | Cierto: época ptolemaica · Probable: después de 278 a.C. |
| Geografía del Éxodo (canal Nilo-Mar Rojo) | Cierto: época ptolemaica · Probable: 273-270 a.C. |
| Septuaginta (terminus ad quem) | Cierto: antes de 246 a.C. · Probable: antes de 273-269 a.C. |
Con estos datos, Gmirkin fija: terminus a quo = 278 a.C. (Beroso) y la Tabla de las Naciones; terminus ad quem = 269 a.C. (fin de la traducción griega). Adopta “provisionalmente los años 273-272 a.C. como fecha probable de la composición del Pentateuco” (p. 245), coincidiendo con el final de la Primera Guerra Siria.
Sobre las capas o fuentes internas (J, E, D, P, H de la Hipótesis Documentaria clásica), Gmirkin no las rechaza como categorías literarias, pero sí rechaza que representen siglos de desarrollo religioso; las reinterpreta como “los diferentes estratos sociales e intereses entre los eruditos que trabajaron en el proyecto” en el mismo momento, 273-272 a.C. (p. 3). Es decir: J, E, D, P y H serían voces simultáneas de comités distintos (sacerdotes, laicos/ancianos) dentro del mismo equipo de traducción/composición, no fases sucesivas de siglos de evolución.
En Plato’s Timaeus and the Biblical Creation Accounts (2022) —centrado en Génesis 1-11— Gmirkin mantiene la misma fecha (“ca. 270 a.C.”, p. 273, 353) para la Torá completa, pero además distingue dos capas teológicas contemporáneas dentro de esa misma redacción de 273-270 a.C.: una capa “platónica” (Génesis 1-11 y las narrativas patriarcales, escrita por un grupo influido por el Timeo y las Leyes de Platón, con teología del bien y politeísmo benévolo) y una capa “anti-platónica” (Éxodo-Josué, de tendencia cúltica-monolátrica y nacionalista, que rechaza en la práctica la ética divina platónica). No son estratos de distintos siglos, sino facciones ideológicas rivales dentro del mismo proyecto de ca. 270 a.C. (§8.5-8.8, pp. 272-284).
Sobre libros individuales: Gmirkin no data Levítico y Números por separado con argumentos propios extensos en los libros suministrados; los trata como parte del mismo bloque legislativo de Éxodo-Deuteronomio compuesto ca. 273-270 a.C. siguiendo el programa de las Leyes de Platón (remite explícitamente a su libro de 2017, Plato and the Creation of the Hebrew Bible, no incluido en los archivos suministrados, para el desarrollo detallado de esa dependencia legislativa).
2. Qué argumentos utiliza para esa datación
Metodológicamente, Gmirkin declara explícitames que usa datación deductiva “tomada de los estudios clásicos”: establecer un terminus a quo y un terminus ad quem mediante dependencias literarias verificables, evitando la “datación historiográfica” (que él acusa de circular, ejemplificada por Wellhausen) (cap. 1, pp. 1-2, 18-19).
Los argumentos concretos, resumidos:
- Terminus ad quem: la Septuaginta (traducción griega del Pentateuco) es la primera evidencia externa objetiva de su existencia, fechada 273-269 a.C. por indicios internos (mención de la reina Arsinoe II, viva hasta 269 a.C.; el término “Lágida” para Ptolomeo II, atestiguado desde 273 a.C. en Teócrito) (cap. 4 §4, pp. 84-85). Antes se creía que Hecateo de Abdera (ca. 320-300 a.C.) ya conocía la Torá; Gmirkin dedica el capítulo 3 entero a demostrar que ese pasaje (Diodoro, Biblioteca 40.3) no es de Hecateo sino de Teófanes de Mitilene, escribiendo en 62 a.C. sobre la conquista de Pompeyo — con lo cual esa “evidencia temprana” se evapora por completo.
- Terminus a quo: (a) Génesis 1-11 depende literariamente de la Babyloniaca de Beroso (278 a.C.), la primera traducción griega de tradiciones mesopotámicas cuneiformes; (b) la Tabla de las Naciones (Gn 10) refleja la división geopolítica del mundo tras la Guerra de los Diádocos (post-278 a.C.) y la Primera Guerra Siria (hasta 273/272 a.C.); (c) el relato del Éxodo depende de y polemiza contra la Aegyptiaca de Manetón (ca. 285-280 a.C.); (d) la figura de Moisés como mago-libertador está modelada sobre las leyendas helenísticas de Nectanebo II (último faraón nativo de Egipto, ca. 380-343 a.C., reactivadas en la corte ptolemaica temprana); (e) la geografía del Éxodo (Pitón, Migdol-Baalzefón, el “Mar de Juncos”) refleja topónimos y la esclusa hidráulica del canal Nilo–Mar Rojo de Ptolomeo II, fechada 274/273 a.C.
El argumento es explícitamente acumulativo: cada línea de evidencia converge de manera independiente en la misma ventana 278-269 a.C., lo cual —según Gmirkin— eleva la probabilidad de la conclusión más allá de lo que cualquier línea aislada podría sostener (cap. 11, p. 245).
3. Quiénes considera posibles autores o círculos responsables
Gmirkin identifica a los autores del Pentateuco con el mismo equipo de “Setenta” (o setenta y dos) eruditos judíos que la tradición posterior (Carta de Aristeas, Aristóbulo) atribuye a la traducción de la Septuaginta bajo Ptolomeo II Filadelfo. Su argumento (cap. 11 §2-3, pp. 246-256) es que esos eruditos no fueron meros traductores de un texto hebreo preexistente, sino los autores mismos del texto hebreo, trabajando en Alejandría con acceso a la Gran Biblioteca, y que la traducción al griego fue “secundaria” respecto a la composición hebrea.
Según esta lectura de la Carta de Aristeas: el sumo sacerdote de Jerusalén dirigió a escribas para producir una copia “en letras de oro” y nombró a “setenta y dos ancianos”, seis de cada tribu (Aristeas 39, 45-51, 176). Gmirkin sostiene que ese consejo de ancianos (la gerousia judía de setenta miembros, con el sumo sacerdote como presidente, sumando setenta y dos) es la misma institución mencionada en los papiros de Elefantina para el periodo persa, y que tanto sacerdotes como laicos («ancianos») fueron enviados a Alejandría, lo que explica —según él— por qué el Pentateuco contiene tanto materiales sacerdotales (P) como materiales laicos (J, E): reflejarían los dos cuerpos que enviaron representantes (pp. 253-254).
Concluye: “Debemos concluir que el mismo grupo de eruditos judíos en Alejandría a quienes La Carta de Aristeas y otras fuentes tardías describen como dedicados a producir la Septuaginta griega, también participó en la composición del Pentateuco” [HIPÓTESIS] (p. 255).
Es importante subrayar el estatuto epistémico de esta identificación: no hay ninguna fuente antigua que diga explícitamente “los Setenta compusieron la Torá en hebreo”; todas las fuentes antiguas (Aristeas, Aristóbulo, Josefo) hablan solo de traducción. La identificación autor=traductor es una inferencia de Gmirkin, no un dato transmitido por la tradición [HIPÓTESIS] .
4. Qué papel atribuye a sacerdotes y escribas
Gmirkin traza un paralelo explícito con la iniciativa de Darío I en Egipto (518-503 a.C.), documentada por la Crónica Demótica y por Hecateo de Abdera: Darío ordenó a un equipo de “sacerdotes, guerreros y escribas” compilar y codificar por escrito las leyes egipcias tradicionales, en versión demótica y aramea (cap. 11 §3, p. 252). Gmirkin argumenta que Ptolomeo II “imitó conscientemente” ese precedente persa al encargar la codificación de la ley judía, trabajando “con los círculos mejor educados y más influyentes de Judea, es decir, el sumo sacerdote y sus asociados junto con el consejo de setenta ancianos” (p. 252).
Los sacerdotes de Jerusalén habrían aportado el material sacerdotal-cúltico (fuente P: genealogías, calendario cúltico, leyes de pureza, tabernáculo) y habrían dirigido —según la Carta de Aristeas— la producción de la copia autorizada en hebreo; los ancianos laicos (la gerousia) habrían aportado o supervisado el material narrativo y legal no sacerdotal (J, E, D). Un dato notable, señalado también en Plato’s Timaeus (2022, n. 66, p. 302): “una clase de escribas con experiencia en la ley mosaica surgió entre los judíos hacia 185 a.C., según el testimonio de Ben Sira (Sir 39:1)”, y “sacerdotes y estudiosos de la ley emergieron como los grupos centrales de las facciones judías opuestas en la década de 160 a.C., como saduceos y fariseos”.
En Plato’s Timaeus (cap. 8), Gmirkin además atribuye el conflicto teológico interno del Pentateuco a dos facciones de autores: una de tendencia filosófica-sacerdotal (autores de Génesis, más permeados de ética platónica) y otra de tendencia cúltico-nacionalista (autores de Éxodo-Josué, centrados en el culto exclusivo a Yahvé). Ambas facciones habrían compartido el mismo proyecto de 270 a.C. pero con agendas teológicas distintas (§8.5, pp. 272-273).
5. Qué papel atribuye a Alejandría
Alejandría es, en la reconstrucción de Gmirkin, no solo el lugar de la traducción sino el lugar mismo de composición del texto hebreo. Argumenta esto a partir de que las fuentes literarias usadas por el Pentateuco (Beroso, Manetón, Cleitarco, la leyenda de Nectanebo, Aristón sobre la costa arábiga, datos geográficos del canal ptolemaico) estaban disponibles como manuscritos griegos únicamente en la Gran Biblioteca de Alejandría, y no habrían sido accesibles a escribas residentes en Judea o Babilonia (cap. 11 §2, pp. 246-249): “Es razonable proponer que los judíos obtuvieron acceso a la Babyloniaca de Beroso en Alejandría” (p. 248); “Es más plausible que los judíos alejandrinos leyeran la Babyloniaca de Beroso en la propia Gran Biblioteca” (p. 248).
También destaca la gran población judía de Alejandría (“un gran número de judíos vivía en Egipto, muchos de ellos, según se informa, en Alejandría”, citando Aristeas 12-13; Filón, In Flaccum 50; Josefo, Ant. 14.117) y su acceso a educación griega, condición necesaria —según su argumento— para que autores bilingües leyeran fuentes griegas y produjeran un texto en hebreo.
6. Qué relación propone entre composición hebrea y traducción griega
Esta es una de las tesis más originales y más disputadas del libro. Gmirkin invierte la relación tradicional: no habría existido primero un Pentateuco hebreo ya consolidado que luego, en un proceso separado, fue traducido al griego bajo Ptolomeo II; sino que la composición del texto hebreo y su traducción al griego fueron, en esencia, el mismo proyecto, casi simultáneo (“la composición del Pentateuco… tuvo lugar prácticamente al mismo tiempo que la traducción de la Septuaginta”, p. 249).
Reinterpreta la Carta de Aristeas radicalmente: sostiene que su descripción de “traductores” es en realidad memoria distorsionada de un proceso que fue mayormente de composición, no de traducción: “Aunque la actividad de los eruditos de la Septuaginta en el Museo alejandrino fue principalmente de composición, y la traducción al griego un asunto auxiliar de menor importancia, La Carta de Aristeas describió a los eruditos de la Septuaginta solo como traductores” (p. 251). Su razón filológica principal: la traducción de setenta-dos eruditos en pareja no habría sido necesaria para traducir cinco libros ya existentes —una tarea que, señala citando estudios de estilo de la LXX, refleja “la traducción de un único individuo (o un grupo muy pequeño)” (Jellicoe, The Septuagint and Modern Study, p. 56, citado en p. 250)— pero sí tendría sentido un equipo tan numeroso para la redacción original de un cuerpo legal-narrativo fundacional.
Concluye que el nombre mismo “Septuaginta” (los Setenta) habría designado originalmente a los autores/editores del catálogo de la Biblioteca de Alejandría, no a los traductores (p. 251), y que “el objetivo de las actividades literarias de los eruditos de la Septuaginta se entiende mejor como la composición del Pentateuco hebreo mismo, y solo secundariamente su traducción al griego” (p. 3).
[HIPÓTESIS — nivel más especulativo del libro]: esta reconstrucción no tiene apoyo textual directo en ninguna fuente antigua (todas dicen “tradujeron”, ninguna dice “compusieron”); depende enteramente de la inferencia de que un equipo de 72 no se necesitaría solo para traducir. Es, además, el punto en que la crítica académica independiente (ver Parte II, Septuaginta y Carta de Aristeas) más diverge de Gmirkin: el consenso mayoritario sostiene que hubo un Pentateuco hebreo consolidado antes de Ptolomeo II, que fue después traducido —posiblemente por iniciativa comunitaria alejandrina más que por encargo real— sin que ello implique composición simultánea del original.
7. Qué papel tienen la Biblioteca y el Museo de Alejandría
La Gran Biblioteca es, en la reconstrucción de Gmirkin, la fuente material de casi toda la materia prima literaria del Pentateuco: la Babyloniaca de Beroso, la Aegyptiaca de Manetón, las obras de Cleitarco (con la leyenda de Nectanebo), el informe de navegación de Aristón por la costa arábiga, y —según Plato’s Timaeus— el corpus completo de Platón (Timeo, Critias, Leyes, República). El Museo (identificado como “un santuario/universidad centrado en las Musas… en el barrio real de Bruquión”, p. 254) es la institución que sostuvo económicamente a los eruditos visitantes —incluidos, según Gmirkin, los sacerdotes y ancianos judíos— mediante comidas y alojamiento subvencionados, bajo la supervisión de un sacerdote-administrador (p. 254, citando Aristeas 301-304 y el epigrama de Timón de Fliunte sobre los “gusanos de biblioteca enjaulados en el gallinero de las Musas”).
Gmirkin data la fundación de la Biblioteca bajo Ptolomeo I y su consolidación temprana bajo Ptolomeo II (p. 247), y estima su tamaño en 200.000 rollos (según Aristeas 10) creciendo a 400.000 hacia la época de Calímaco (ca. 275-240 a.C.). Sugiere, además, que el catálogo de Calímaco (los Pinakes) pudo haber registrado a la gerousia judía como autora corporativa del Pentateuco, lo cual explicaría —especula— el origen del nombre “Septuaginta” (cap. 4 §4, pp. 81-82) [HIPÓTESIS: no hay fragmento superviviente de los Pinakes que mencione esto; es conjetura].
En Plato’s Timaeus, además, Gmirkin atribuye a la Biblioteca la disponibilidad de los diálogos platónicos completos, que sostiene fueron leídos y utilizados sistemáticamente por los autores de Génesis (cosmogonía del Timeo) y de Éxodo-Deuteronomio (legislación de las Leyes), y remite a su libro de 2017 para el argumento extenso sobre la dependencia legislativa.
8. Qué evidencia presenta para contacto con Platón y literatura griega
Este es el objeto central de Plato’s Timaeus and the Biblical Creation Accounts (2022). Los argumentos de mayor peso presentados:
- Estructura cosmogónica paralela: Génesis 1 (LXX) reproduce, según Gmirkin, la secuencia y el vocabulario técnico del Timeo (prólogo mítico-científico, caos primordial, creación por un dios racional único —el Demiurgo/Elohim—, estratificación de los elementos, “viento divino” moviéndose sobre las aguas, creación por días/etapas) (cap. 5, Plato’s Timaeus, pp. 103-149).
- Distinción entre dios cósmico y dioses terrestres: la tesis nuclear del libro es que el Elohim creador de Génesis 1 fue concebido, siguiendo al Timeo, como un dios trascendente distinto de Yahvé y de los “hijos de Dios” (beni Elohim) de Gn 1:26; 6:1-4 — que corresponderían a los dioses terrestres, hijos del Demiurgo, del propio Timeo (41b-d) y del Critias. Esta estructura de “monoteísmo cósmico + politeísmo terrestre” sería exclusivamente platónica y sin paralelo directo en las cosmogonías mesopotámicas o cananeas (cap. 8, pp. 246-260).
- El Jardín del Edén y la Atlántida: Gmirkin argumenta que Génesis 2-3 y 6-9 (la corrupción de la tierra, el diluvio, la destrucción divina de la humanidad) dependen del Critias de Platón —el mito de la Atlántida y la Edad de Cronos— más que (o además) de los paralelos mesopotámicos tradicionales (Atrahasis, Gilgamesh) (cap. 7, pp. 199-245).
- *Dependencia legislativa de Éxodo-Deuteronomio en las Leyes de Platón: desarrollada en extenso en su libro de 2017 (no incluido aquí, pero citado repetidamente: Gmirkin 2017, passim), incluye paralelos como el Consejo Nocturno de las Leyes* frente al liderazgo sacerdotal-teocrático del Pentateuco, la ley del “código divino inmutable” revelado al fundador, y la estructura de “mitos persuasivos” para inculcar el origen divino de la constitución.
Gmirkin reconoce que esta tesis (dependencia directa de Platón) es la más controvertida de su obra y depende de que el Pentateuco sea, en efecto, posterior a 367 a.C. (fecha habitual del Timeo–Critias) y que sus autores tuvieran acceso privilegiado y detallado al corpus platónico completo — algo que solo la Biblioteca de Alejandría, en su reconstrucción, podría explicar [HIPÓTESIS de alto nivel especulativo, ampliamente cuestionada por la crítica: ver Parte III].
9. Qué papel tienen Beroso y Manetón
Beroso y Manetón son, junto con la Septuaginta, el pilar empírico más sólido del argumento de datación de 2006 (a diferencia de la dependencia platónica de 2022, que es más interpretativa).
- Beroso (sacerdote babilonio de Marduk, escribió la Babyloniaca hacia 278 a.C., dedicada a Antíoco I): tradujo al griego la literatura cuneiforme mesopotámica (mito de la creación, lista de reyes antediluvianos, el diluvio, genealogías reales). Gmirkin argumenta (cap. 5, pp. 89-139) que todos los elementos mesopotámicos bien conocidos en Génesis 1-11 (las diez generaciones antes del Diluvio comparadas con la Lista Real Sumeria neoasiria, el relato de Nimrod frente a la figura de Ninos en Ctesias, la Torre de Babel frente al Poema de Erra) se explican mejor por dependencia directa de la versión griega de Beroso que por acceso directo (o vía tradición oral) a los originales cuneiformes — resolviendo así, según él, el viejo problema de “cómo llegaron los judíos a conocer tradiciones cuneiformes” (p. 246).
- Manetón (sacerdote egipcio, escribió la Aegyptiaca ca. 285-280 a.C. bajo Ptolomeo I Sóter, no bajo Ptolomeo II como se pensaba tradicionalmente —redatación defendida en el cap. 11, pp. 241-243, usando el testimonio de que Demetrio de Falero, ejecutado ca. 280 a.C., comentó la obra de Manetón): narró la expulsión de los hicsos y de “egipcios contaminados” (leprosos, bajo el sacerdote apóstata Osarsef, identificado por tradición hostil con Moisés) hacia Judea. Gmirkin argumenta (caps. 7-8, pp. 170-214) que el relato bíblico del Éxodo es una respuesta polémica al relato de Manetón: coincide en todos los detalles neutrales o favorables a los judíos, pero invierte o refuta precisamente los puntos desfavorables (la identificación de los expulsados con leprosos impuros, adoradores de Set-Tifón).
La secuencia relativa que propone es: Manetón (ca. 285-280 a.C.) → Beroso (278 a.C.) → Tabla de las Naciones/Maldición de Canaán (post-278, hasta 273/272 a.C.) → Éxodo como respuesta polémica a Manetón → Septuaginta (273-269 a.C.), todo dentro de una ventana de aproximadamente 15 años.
10. Toda referencia a asmoneos
Es importante precisar de entrada: Gmirkin no data la composición del Pentateuco en la época asmonea; sus referencias a los asmoneos aparecen en dos contextos completamente distintos, ninguno de los cuales mueve su fecha de 273-272 a.C.:
(a) Como objeto de crítica historiográfica — el debate sobre teorías de datación asmonea de OTROS autores
En el capítulo 1 (“Historia de la investigación”, pp. 12-13), Gmirkin reseña y critica la propuesta de T. L. Thompson (The Mythic Past, 1999) de que ciertos materiales de Reyes (y, por extensión, tradiciones histórico-narrativas del corpus bíblico) fueron redactados o revisados en época asmonea, basada en un supuesto esquema cronológico bíblico de 4000 años entre la Creación (4164 a.C.) y la restauración macabea del templo (164 a.C.). Gmirkin refuta ese argumento: señala que ningún texto judío del Segundo Templo calculó correctamente el intervalo entre el decreto de Ciro (538 a.C.) y 164 a.C.; que Eupólemo, embajador macabeo hacia 158/157 a.C., calculó 5149 años entre Adán y su época —sin ningún indicio del esquema de 4000 años que exigiría Thompson—; y que Ben Sira (ca. 180 a.C.) ya atestigua los mismos episodios (reinado de David, reformas de Ezequías y Josías) que Thompson atribuía a redacción asmonea, lo que para Gmirkin excluye una fecha tan tardía para esos materiales narrativos [nota: Gmirkin usa aquí a Ben Sira precisamente para rechazar una datación asmonea, es decir, argumenta contra un fechado tardío en este punto específico, aunque su propia fecha para el Pentateuco —273-272 a.C.— sigue siendo más tardía que la fecha tradicional].
(b) Como marco político para reevaluar el pasaje de “Hecateo” en Diodoro 40.3
El uso más extenso e importante de “lo asmoneo” en el libro es el argumento central del capítulo 3 y el Apéndice B (“Teófanes de Mitilene”): el pasaje de Diodoro Sículo, Biblioteca 40.1-4, tradicionalmente atribuido a Hecateo de Abdera (lo cual daría un terminus ad quem ca. 320-300 a.C. para el Pentateuco), es en realidad —según demuestra Gmirkin con detalle filológico— obra de Teófanes de Mitilene, historiador y propagandista de Pompeyo, escribiendo en 62 a.C. sobre la conquista romana de Judea en 63 a.C. Ese pasaje refleja, sostiene Gmirkin, la realidad política asmonea tardía: el régimen de Alejandro Janneo y sus hijos, el conflicto entre Aristóbulo II e Hircano II, y la propaganda romana que justificó la abolición del reino asmoneo por Pompeyo. Al reasignar esta fuente a 62 a.C., Gmirkin elimina lo que se consideraba la evidencia más antigua de la existencia del Pentateuco, abriendo la posibilidad de datarlo mucho después de Hecateo (cap. 3 §5, pp. 62-63; Apéndice B, pp. 259-263).
En consecuencia: las referencias a “asmoneos” en estos libros son instrumentales para la crítica de fuentes (desacreditar un testimonio mal fechado y refutar teorías rivales de datación tardía), no una propuesta de que el Pentateuco mismo se compuso en época asmonea. Plato’s Timaeus (2022) sitúa además, en época asmonea (siglo II-I a.C.), la emergencia de los partidos saduceo y fariseo (n. 66, p. 302) y la transición final de la monolatría yahvista hacia un monoteísmo pleno (§8.10, “El colapso de la agenda platónica”, pp. 292 y ss.) — es decir, usa el periodo asmoneo como fase de recepción y desarrollo teológico posterior al Pentateuco, no de su composición.
11. Toda referencia a Alejandro Janneo
Alejandro Janneo (rey-sumo sacerdote asmoneo, r. 103-76 a.C.) aparece exclusivamente en el contexto de Teófanes de Mitilene (punto 10.b) y de la crítica a la tesis de que “los judíos nunca tuvieron rey”:
- Diodoro 40.3.5b (“por esta razón los judíos nunca tienen rey…”) es, según Gmirkin, una interpolación de Teófanes que contrasta el gobierno tradicional por sacerdotes con “la ilegitimidad del reciente cargo de rey impuesto a los judíos por el tirano Alejandro Janneo y sus hijos” — tema recurrente de la propaganda de Teófanes destinado a justificar que Pompeyo aboliera la monarquía asmonea (Berossus and Genesis, p. 55).
- Apéndice B (p. 262): “esta misma tesis histórica fue expuesta en Estrabón, Geografía 16.2.37, 40, también basándose en Teófanes: que el gobierno sacerdotal tradicional de los judíos había sido reemplazado por tiranos y bandidos en tiempos de Alejandro Janneo y sus hijos”; y se presume que “la primera delegación [ante Pompeyo en Damasco, 63 a.C.], representando a ‘la nación’, condenó igualmente la monarquía de Alejandro Janneo como ilegítima”.
- Plato’s Timaeus (n. 48, p. 316) menciona además “las posteriores agresiones territoriales de Alejandro Janneo y sus hijos” (citando Estrabón 16.2.28, 37, 40 y Josefo, Ant. 13.324-397) como ejemplo —en su argumento teológico— de una política expansionista que pudo haber sido justificada internamente apelando al Hexateuco, y que dio a Pompeyo el pretexto para abolir la monarquía asmonea en 63 a.C.
En ningún pasaje de los dos libros suministrados se sostiene que el Pentateuco (o parte de él) fuera compuesto durante o para el reinado de Alejandro Janneo; su figura funciona exclusivamente como telón de fondo histórico de la fuente Teófanes (62 a.C.) y como ejemplo tardío de recepción/aplicación política del texto ya existente.
12. Toda referencia a Juan Hircano
Juan Hircano I (sumo sacerdote-etnarca asmoneo, r. 134-104 a.C.) aparece en dos lugares distintos:
- Apéndice C, “El Pentateuco Samaritano” (p. 265): Gmirkin data “la destrucción del templo del Monte Gerizim en 128 a.C. por Juan Hircano” como el hito que “marcó la exclusión definitiva de los samaritanos de los judíos”, siguiendo a J. Purvis, quien data ahí mismo la ruptura samaritana. Gmirkin concluye: “El conflicto entre judíos y samaritanos parece haber sido un desarrollo tardío más que temprano, y por tanto tiene poca incidencia sobre la fecha del Pentateuco” — es decir, usa este dato precisamente para descartar el cisma samaritano como evidencia útil de datación del Pentateuco, no para proponerlo como momento de composición.
- Apéndice B / cap. 3 (p. 68, n. 133): Hircano I es mencionado junto a Salomé Alejandra e Hircano II como ejemplo del “mismo tipo” de gobierno restaurado por Pompeyo en el 63 a.C. (un consejo de fariseos compartiendo el poder con el sumo sacerdote), en contraste con la monarquía “tiránica” de Alejandro Janneo — de nuevo, contexto de la fuente Teófanes, no de la composición del Pentateuco.
Un dato relevante para el lector: Hircano I es también el sumo sacerdote real e históricamente documentado bajo cuyo reinado (o poco antes) la mayoría de la crítica académica —no Gmirkin— sitúa la ruptura definitiva samaritano-judía (ver Parte II, testimonio del Pentateuco Samaritano).
13. Toda referencia a Matatías, Simón, Jonatán, Judas o familias sacerdotales
Estas figuras de la primera generación asmonea (la revuelta macabea, 167-134 a.C.) aparecen únicamente de forma incidental, casi siempre citando 1 Macabeos como fuente cronológica auxiliar, nunca como parte del argumento de datación del Pentateuco:
- Jonatán (sumo sacerdote asmoneo, r. 152-143 a.C.): aparece en el capítulo 4 (“Aristóbulo y la Septuaginta”, pp. 77-78) en el análisis de la fecha de La Carta de Aristeas: Gmirkin argumenta que los beneficios que la Carta atribuye a Ptolomeo II Filadelfo hacia los judíos (liberación de esclavos de guerra, subsidios al templo, 30.000 judíos en la guarnición real) reflejan de hecho, casi punto por punto, la carta de concesiones que Demetrio I Sóter ofreció a Jonatán en 152 a.C. (1 Mac 10:33-41) para ganarse su apoyo contra Alejandro Balas — lo cual data la composición de La Carta de Aristeas misma hacia 152 a.C. o poco después, contemporánea de Aristóbulo (ca. 150 a.C.), a quien Gmirkin identifica como su autor real. También sugiere que Aristóbulo (tutor de Ptolomeo VI Filometor) pudo haber acompañado a este a Ptolemaida en 150 a.C., donde Filometor y Alejandro Balas agasajaron a Jonatán (1 Mac 10:57-59).
- Simón (hermano de Jonatán y Judas, sumo sacerdote-etnarca, r. 142-134 a.C.): no recibe tratamiento propio en los dos libros suministrados más allá de menciones bibliográficas de 1 Macabeos como fuente para la gerousia/consejo de ancianos judío (Plato’s Timaeus, n. 64, p. 318, citando 1 Mac 12:6; 2 Mac 1:10; 4:44; 11:27) — usado para documentar la existencia continuada de esa institución de gobierno colegiado, no para datar el Pentateuco.
- Judas Macabeo y Matatías no aparecen citados nominalmente en ningún pasaje relevante de los dos libros suministrados; el contexto de la revuelta macabea (167-160 a.C.) se menciona solo indirectamente al discutir a Ben Sira (que no muestra conocimiento de la persecución de Antíoco IV, dato usado para fechar a Ben Sira antes de esa crisis, ca. 180-175 a.C.) y a los Libros de Enoc/Jubileos (cap. 4 §4, tabla de la p. 87, y n. 89 de la misma página).
- Familias sacerdotales en sentido más amplio: el argumento de Gmirkin sobre autoría (punto 3-4 arriba) depende de la existencia continuada, desde el periodo persa (documentado en Elefantina) hasta el periodo asmoneo, de un sumo sacerdocio hereditario y una gerousia de ancianos como órganos de gobierno judío — línea institucional que, según él, se mantuvo estable el tiempo suficiente para que ese mismo tipo de cuerpo colegiado fuera el que Ptolomeo II convocó hacia 273 a.C.
En síntesis de los puntos 10-13: ninguna de estas figuras o dinastías asmoneas es usada por Gmirkin como evidencia para datar la composición del Pentateuco. Su función en la argumentación es triple: (i) servir de contexto para redatar fuentes mal atribuidas (Teófanes/Hecateo); (ii) proporcionar puntos de control cronológico para otras obras auxiliares (Carta de Aristeas, cisma samaritano, Ben Sira, Jubileos); y (iii) ilustrar, en Plato’s Timaeus, la recepción y transformación teológica posterior (monolatría → monoteísmo, saduceos/fariseos) de un texto que Gmirkin sostiene ya estaba compuesto un siglo y medio antes.
14. Toda utilización de Josefo, Macabeos, Ben Sira y Qumrán relevante para fechar la Torá
Gmirkin utiliza estas cuatro fuentes de manera muy dispar:
Josefo
Es la fuente más citada del libro (más de 90 referencias), pero casi exclusivamente como transmisor tardío de material más antiguo (fragmentos de Beroso y Manetón en Contra Apión, la leyenda de la traducción en Antigüedades 12, la narrativa de Pompeyo en Antigüedades 14 dependiente de Nicolás de Damasco/Estrabón/Teófanes), nunca como testigo independiente de la fecha del Pentateuco. Gmirkin advierte explícitamente que la reconstrucción del cisma samaritano de Josefo (Ant. 11.302-24, con el sacerdote Manasés hacia 332 a.C.) “es claramente legendaria y no tiene valor histórico” (Apéndice C, p. 264).
Macabeos (1-2 Macabeos)
Usados como fuente cronológica de control para: (a) la fecha de la Carta de Aristeas vía la carta de Demetrio I a Jonatán (1 Mac 10, ver punto 13); (b) la existencia continuada de la gerousia como institución (1 Mac 12:6; 2 Mac 1:10; 4:44; 11:27, en Plato’s Timaeus, n. 64); (c) la profanación del templo de Gerizim en 166 a.C. (2 Mac 6:2, Apéndice C, p. 265). No se usan para datar la composición del Pentateuco mismo.
Ben Sira
Usado en dos direcciones: (i) para refutar el fechado asmoneo tardío de materiales narrativos propuesto por Thompson (punto 10, arriba) —Ben Sira (ca. 180 a.C.) ya “atestigua varios episodios del texto hebreo” que Thompson databa en época asmonea—; y (ii) en la tabla del capítulo 4 (p. 87) como uno de los eslabones de la cadena de textos derivados de la Septuaginta: “Sirac, Judea, ca. 180 a.C.”, situado cronológicamente después de la Septuaginta (273-269 a.C.) en la secuencia que Gmirkin reconstruye de “explosión de escritura judía derivada” tras la traducción. También se cita (cap. 1, n. 80, p. 17) para mostrar que Ben Sira usó Crónicas y el relato de la construcción de los muros de Nehemías, pero no citó ni Esdras ni Nehemías 7-13 — dato que usa para argumentar (en otro contexto, sobre datación lingüística) que esos libros podrían ser más tardíos de lo convencionalmente aceptado.
Qumrán
Usado exclusivamente como evidencia paleográfica de terminus ad quem, no como argumento independiente de composición. En la tabla de la p. 86-87 (cap. 4 §4), Gmirkin reproduce las dataciones paleográficas de F. M. Cross: 4QSamb (Samuel) y 4QExf (Éxodo) hacia ca. 250 a.C., 4QJerb (Jeremías) hacia ca. 200 a.C. — fechas que Gmirkin presenta como compatibles con (aunque bastante ajustadas frente a) su propia fecha de composición de 273-272 a.C., ya que dejan una ventana de apenas veinte años entre la composición hipotética y la copia manuscrita más antigua conocida. Cita además la datación lingüística de E. Qimron sobre el hebreo de Qumrán (sin préstamos griegos) para refutar el argumento de W. Dever de que la ausencia de préstamos griegos en el Pentateuco demostraría una fecha preheléstica (cap. 1, p. 18, n. 82).
PARTE II — Terminus ante quem: investigación independiente
Esta parte no presupone ni la cronología documentalista tradicional (Wellhausen: J-E ca. 850-750 a.C., D ca. 621 a.C., P ca. 458 a.C.) ni la de Gmirkin (273-272 a.C.). Examina, testimonio por testimonio, qué obliga realmente la evidencia externa a reconocer, distinguiendo HECHO / INFERENCIA / HIPÓTESIS en cada caso. Las fuentes usadas aquí son mayoritariamente independientes de Gmirkin (Porten, Granerød, Honigman, Wright, Knoppers, Kartveit, Skehan-Di Lella, VanderKam, Cross, Tov, Baden, Ska, Schmid), aunque se contrastan puntualmente con los datos que el propio Gmirkin aporta cuando coinciden.
Elefantina (papiros arameos judeo-persas, ca. 495-399 a.C.)
| FECHA | Ca. 495-399 a.C.; el grueso del archivo corresponde al reinado de Darío II (423-404 a.C.). Datación papirológica/aramea firme e independiente. |
| QUÉ DEMUESTRA | [HECHO] Existía una guarnición judía en Elefantina (Alto Egipto) con su propio templo a YHW (destruido ca. 410 a.C., parcialmente reconstruido), que observaba el sabbat y alguna forma de festividad de primavera asociada a panes ácimos (el llamado “Papiro de la Pascua”, TAD A4.1 / Cowley 21, fechado en 419 a.C.). [HECHO] Un “Johanan el sumo sacerdote” (TAD A4.7.17-18) es mencionado, subordinado al gobernador persa; monedas de Yehud del mismo periodo nombran a “Yehizqiyyah el gobernador” y “Yohanan el sacerdote”. [INFERENCIA] La comunidad conocía y practicaba alguna forma de calendario cúltico compatible en términos generales con Éxodo 12, aunque —crucialmente— la palabra “Pascua/Pésaj” no aparece en las líneas conservadas del papiro 419 a.C.; su mención se debe a la reconstrucción moderna de las lagunas del texto, no a una lectura directa (TheTorah.com, 2019; señalado también, desde otro ángulo, por Gmirkin, p. 21: “la Elefantina Papyri no muestran evidencia de la existencia de ningún material pentateuco tan tarde como 400 a.C.”). |
| QUÉ NO DEMUESTRA | No hay ninguna cita textual de un libro del Pentateuco, ni mención explícita de “la Torá de Moisés”, ni de Jerusalén como lugar exclusivo de culto (la comunidad mantenía su propio templo con sacrificios animales, en aparente tensión con la centralización cúltica de Dt 12). Las fórmulas de juramento del archivo invocan divinidades adicionales (p. ej. Anat-Yahu), y los contratos civiles (matrimonio, manumisión, propiedad) siguen convenciones legales arameas/mediorientales generales, sin dependencia textual demostrable de códigos legales pentateucos específicos. No demuestra, por tanto, la existencia de un Pentateuco escrito y normativo en el 400 a.C., pero tampoco demuestra su inexistencia: es coherente con un yahvismo diaspórico local, no estandarizado, que pudo coexistir con una tradición legal en desarrollo en Jerusalén. |
| GRADO DE CERTEZA | Alto para los hechos papirológicos (fecha, contenido literal). Bajo/debatido para cualquier inferencia sobre el estado del Pentateuco en Jerusalén basada en esta comunidad periférica: la propia disidencia respecto a la centralización cúltica hace de Elefantina un testigo ambiguo, usado tanto por quienes defienden un desarrollo tardío del Pentateuco como por quienes lo consideran solo evidencia de inobservancia diaspórica de una norma ya en desarrollo en la metrópoli. |
| FUENTE PRIMARIA | B. Porten y A. Yardeni, Textbook of Aramaic Documents from Ancient Egypt (1986-1999), TAD A4.1 (Papiro de la Pascua), A4.7-4.8 (cartas de Yedanyah sobre la destrucción del templo). |
| BIBLIOGRAFÍA MODERNA | B. Porten, Archives from Elephantine (1968); G. Granerød, Dimensions of Yahwism in the Persian Period (BZAW 488, De Gruyter, 2016); TheTorah.com, “The Passover Papyrus: Darius II Delays the Festival of Matzot in 418 BCE” (2019); R. Kratz, Historical and Biblical Israel (Oxford UP, 2015). |
Pentateuco samaritano
| FECHA | Sin consenso sobre una fecha única de “escisión” textual. Posiciones serias documentadas: (i) origen comunitario/cúltico en periodo persa, siglo V a.C. (templo monumental del Monte Gerizim excavado por Y. Magen, datado a mediados del s. V a.C.); (ii) F. M. Cross situó la emergencia de una tradición textual distintivamente samaritana en “época postmacabea” (s. II a.C. o después); (iii) destrucción del templo de Gerizim por Juan Hircano I, ca. 128-111 a.C. (fecha exacta debatida), usada como terminus político-religioso del cisma; (iv) M. Kartveit data la capa específicamente sectaria de redacción (el mandamiento sobre Gerizim insertado en el Decálogo samaritano) posiblemente tan tarde como el cambio de era. |
| QUÉ DEMUESTRA | [HECHO/INFERENCIA] Que el Pentateuco —y únicamente el Pentateuco, no Profetas ni Escritos— era ya un texto fijo y mutuamente reconocido como autoritativo por las élites sacerdotales tanto de Jerusalén como de Guerizim antes de su ruptura política-cúltica definitiva. Esto es indirecto pero fuerte: un texto no suele convertirse en la escritura fundacional compartida de dos comunidades después de que ya se han enemistado; lo natural es que su autoridad compartida se estableciera mientras ambos centros sacerdotales aún mantenían algún tipo de relación o negociación, es decir, durante el periodo persa o el inicio del helenístico (Knoppers, 2013). |
| QUÉ NO DEMUESTRA | No fija una fecha de composición precisa dentro de esa amplia ventana persa-helenística temprana (ca. 539-200 a.C.); no resuelve si las diferencias textuales entre TM y PS (aprox. 6000 variantes, la mayoría ortográficas/armonizantes, más el añadido específicamente sectario del mandamiento de Guerizim) reflejan una divergencia gradual de siglos o una redacción sectaria puntual y tardía. El uso del Elefantina de 407 a.C. (que muestra a la colonia judía apelando tanto a Johanán, sumo sacerdote de Jerusalén, como a Sanbalat, gobernador de Samaria, para la reconstrucción del templo de Yeb) demuestra que samaritanos y judíos aún no habían roto relaciones hacia el 400 a.C., pero los documentos de Wadi ed-Daliyeh (ca. 375-335 a.C., que mencionan a un Sanbalat, presumiblemente nieto del anterior) no contienen materiales bíblicos y no permiten evaluar el estado del texto en ese momento. |
| GRADO DE CERTEZA | Alto para la existencia de un Pentateuco compartido antes del cisma definitivo; bajo/muy debatido para la fecha exacta de la redacción específicamente sectaria samaritana y, por tanto, poco útil como reloj de precisión para la composición del Pentateuco en sí. |
| FUENTE PRIMARIA | Textos del Pentateuco Samaritano (tradición manuscrita medieval, con testigos protosamaritanos en Qumrán, p. ej. 4QpaleoExodm); papiros de Elefantina TAD A4.7-4.9; excavaciones del Monte Guerizim (Y. Magen). |
| BIBLIOGRAFÍA MODERNA | G. Knoppers, Jews and Samaritans: The Origins and History of Their Early Relations (Oxford UP, 2013); M. Kartveit, The Origin of the Samaritans (VTSup 128, Brill, 2009); E. Tov, Textual Criticism of the Hebrew Bible, 3ª ed. (Fortress, 2012); I. Hjelm, “The Samaritan and Jewish Versions of the Pentateuch: A Survey”, Religions 11/2 (2020). |
Septuaginta
| FECHA | 273-269 a.C. para el Pentateuco griego (argumento convergente de Gmirkin, ampliamente aceptado en su núcleo por la septuagintística mayoritaria, aunque el marco narrativo de la Carta de Aristeas sea legendario): datos internos (mención de la reina Arsinoe II, viva hasta 269 a.C.; “Lágida” como epíteto de Ptolomeo II, atestiguado desde 273 a.C. en Teócrito, Idilio 17). |
| QUÉ DEMUESTRA | [HECHO] Es la primera evidencia externa, objetivamente datable, de la existencia de un Pentateuco completo, en cualquier idioma. [INFERENCIA] Dado que toda traducción presupone un original, un Pentateuco hebreo (en alguna forma) existía ya cuando se hizo esta traducción. El estilo homogéneo de la traducción griega del Pentateuco (frente a la heterogeneidad estilística del resto de la LXX) sugiere que se hizo en un periodo relativamente breve y coordinado. |
| QUÉ NO DEMUESTRA | No demuestra —contra la tesis de Gmirkin— que el original hebreo fuera compuesto en ese mismo momento y lugar; ese es un paso inferencial adicional, no exigido por la evidencia de la traducción en sí. Tampoco corrobora los detalles narrativos legendarios de la Carta de Aristeas (72 traductores, 72 días, banquetes reales), que la crítica moderna (Honigman, Wright) considera un mito de origen literario, no un relato histórico fiable. |
| GRADO DE CERTEZA | Muy alto para la existencia de un Pentateuco griego hacia 270-260 a.C.; alto (pero no absoluto) para que existiera un original hebreo antes de esa traducción; bajo para cualquier reconstrucción de las circunstancias exactas (patrocinio real, lugar, autores) de la traducción. |
| FUENTE PRIMARIA | El propio texto de la Septuaginta del Pentateuco; testimonios indirectos en Demetrio el Cronógrafo (ver más abajo) y Aristóbulo. |
| BIBLIOGRAFÍA MODERNA | S. Honigman, The Septuagint and Homeric Scholarship in Alexandria (Routledge, 2003); B. G. Wright, The Letter of Aristeas (De Gruyter, 2015); H. St. J. Thackeray, The Letter of Aristeas (1917, con aparato de datación aún citado); N. Fernández Marcos, The Septuagint in Context (Brill, 2000). |
Carta de Aristeas
| FECHA | El marco narrativo se sitúa bajo Ptolomeo II Filadelfo (285-247 a.C.), pero la crítica académica desde Humphrey Hody (1685) considera esto anacrónico (Demetrio de Falero, presentado como bibliotecario en funciones, había caído en desgracia y probablemente había muerto poco después de la subida al trono de Filadelfo en 282 a.C.). El consenso mayoritario data la composición real del texto en el siglo II a.C., con dos posiciones concretas dentro de ese consenso: (i) ca. 170-130 a.C. (posición amplia mayoritaria); (ii) Gmirkin, coincidiendo aquí con S. Honigman en el rango general, propone ca. 152-150 a.C. y defiende —posición propia, no compartida por Honigman ni por la mayoría— que su autor fue Aristóbulo, el mismo filósofo judío que escribió hacia esa fecha. |
| QUÉ DEMUESTRA | [HECHO] Documenta que hacia mediados/finales del siglo II a.C. circulaba entre los judíos alejandrinos una leyenda de que el Pentateuco (solo la “Ley”, los cinco libros, no toda la Biblia hebrea) ya había sido traducido al griego bajo Ptolomeo II — lo cual implica que, para la fecha de composición de la Carta, el Pentateuco griego era ya antiguo, autoritativo y necesitaba un mito de origen que lo legitimara. |
| QUÉ NO DEMUESTRA | No es un relato fiable de la historia real de la traducción (virtualmente ningún crítico moderno acepta como históricos los 72 traductores, los 72 días, el patrocinio real detallado); Honigman (2003) la interpreta como una leyenda fundacional modelada sobre la erudición homérica alejandrina, no como historiografía. No dice nada fiable sobre cuándo se compuso el Pentateuco hebreo, solo sobre cuándo (según la leyenda) se tradujo al griego. |
| GRADO DE CERTEZA | Alto para la existencia de la leyenda hacia 150 a.C.; muy bajo para la fiabilidad histórica de sus detalles narrativos. |
| FUENTE PRIMARIA | Carta de Aristeas (ed. crítica: A. Pelletier, Lettre d’Aristée à Philocrate, SC 89, 1962). |
| BIBLIOGRAFÍA MODERNA | S. Honigman, The Septuagint and Homeric Scholarship in Alexandria (2003); B. G. Wright, “The Letter of Aristeas and the Question of Septuagint Origins Redux”, Journal of Ancient Judaism 2/3 (2011); U. Rappaport, “The Letter of Aristeas Again”, JSJ 43 (2012). |
Demetrio el Cronógrafo
| FECHA | Floruit datable con seguridad al reinado de Ptolomeo IV Filopátor (221-204 a.C.), por su propio cálculo cronológico interno (fragmento conservado en Clemente de Alejandría, Stromata 1.21.141). |
| QUÉ DEMUESTRA | [HECHO] Sus fragmentos (transmitidos vía Alejandro Polihístor, en Eusebio, Praep. Ev. 9.19-21, y Clemente) muestran un uso detallado y técnico de la cronología de Génesis-Éxodo-Números (edades de los patriarcas, duración de la estancia en Egipto) que sigue las cifras de la LXX griega, no las del Texto Masorético hebreo, y una ortografía de nombres propios que coincide con las convenciones de transcripción de la LXX. [INFERENCIA] Esto es la base filológica estándar (no solo de Gmirkin, sino de la septuagintística general) para sostener que Demetrio usó directamente el Pentateuco griego. Es, por consenso amplio, el autor datable más antiguo que demuestra dependencia del Pentateuco/LXX, fijando un terminus ante quem duro hacia 200 a.C. para un Génesis-Éxodo griego ya estabilizado. |
| QUÉ NO DEMUESTRA | No dice nada, por sí mismo, sobre la fecha de un eventual original hebreo anterior a la traducción griega que usa; su testimonio es indiferente a la controversia sobre si ese original se compuso en el siglo III a.C. (Gmirkin) o mucho antes (mayoría académica). |
| GRADO DE CERTEZA | Muy alto (correspondencia filológica ampliamente aceptada). |
| FUENTE PRIMARIA | Eusebio, Praeparatio Evangelica 9.19.4, 9.21.1-19, 9.29.1-3; Clemente de Alejandría, Stromata 1.21.141. |
| BIBLIOGRAFÍA MODERNA | C. R. Holladay, Fragments from Hellenistic Jewish Authors, vol. I: Historians (SBL, 1983); J. Hanson, “Demetrius the Chronographer”, en Charlesworth (ed.), OTP vol. 2 (1985), 843-854; E. Bickerman, “The Jewish Historian Demetrios”, en Studies in Jewish and Christian History pt. 3 (Brill, 1976). |
Hecateo de Abdera
| FECHA | Su Aegyptiaca se data ca. 320-315/300 a.C., bajo Ptolomeo I Sóter (antes de que este se proclamara rey, ya que Hecateo lo llama “Ptolomeo, hijo de Lago”, no “el rey”). |
| QUÉ DEMUESTRA | [HECHO] En pasajes auténticos (Diodoro, Biblioteca 1.28-29, 94-95), Hecateo conoce la tradición (probablemente de origen egipcio-sacerdotal) de que Moisés fue el fundador legislador de una colonia egipcia que se asentó en Judea, fundó Jerusalén y su templo, y dividió al pueblo en doce tribus. [INFERENCIA de Gmirkin, ampliamente aceptada incluso fuera de su marco] Este material es una historia de fundación (ktisis) helenística estereotipada, sin conocimiento directo de textos judíos ni de la lengua hebrea; Hecateo no cita ni parafrasea ningún pasaje bíblico, y su fuente son sacerdotes egipcios, no judíos. |
| QUÉ NO DEMUESTRA | Este es el punto de mayor originalidad metodológica de Gmirkin, y su argumento aquí es sólido y ha sido influyente incluso entre críticos independientes: el pasaje de Diodoro 40.3.1-8 —que durante décadas se citó como prueba de que el Pentateuco ya existía ca. 320-300 a.C. porque parece citar literalmente Dt 28:69 (“estas son las palabras que Moisés escuchó de Dios y declara a los judíos”)— no proviene de Hecateo de Abdera, sino, según el análisis filológico detallado del capítulo 3, de Teófanes de Mitilene, historiador de Pompeyo, escribiendo en 62 a.C. sobre la campaña de Pompeyo en Judea el año anterior (63 a.C.). El argumento se basa en anacronismos internos (menciona el gobierno judío “nunca por reyes” —una tesis política contemporánea del 63 a.C., no del siglo IV a.C.—, la falta de imágenes en el templo —solo confirmada tras la entrada de Pompeyo al Sancta Sanctorum en 63 a.C.— y la cita errónea “Hecateo de Mileto” en vez de “de Abdera”, probable error de un autor posterior no familiarizado con el segundo). Por tanto, este pasaje no constituye evidencia de un Pentateuco escrito hacia 320-300 a.C.; si el análisis de Gmirkin es correcto (y ha sido tomado en serio, aunque no unánimemente aceptado, por la septuagintística posterior), el terminus ad quem tradicionalmente atribuido a Hecateo se disuelve por completo. |
| GRADO DE CERTEZA | Alto para el hecho de que Hecateo conocía la figura y función de Moisés como legislador; medio-alto (argumento filológico serio, aunque parte de la crítica mantiene reservas) para la redatación completa del pasaje 40.3 a Teófanes en 62 a.C. en vez de a una combinación de Hecateo con interpolaciones posteriores (posición intermedia defendida por B. Bar-Kochva, Pseudo-Hecataeus, 1996, en la que Gmirkin se apoya extensamente pero cuyo alcance final —negar por completo a Hecateo cualquier participación en 40.3.4-8— excede lo que Bar-Kochva mismo concluye). |
| FUENTE PRIMARIA | Diodoro Sículo, Biblioteca 40.1-3 (a través de Focio); fragmentos de Hecateo en Diodoro, Biblioteca 1.28-29, 94-95. |
| BIBLIOGRAFÍA MODERNA | B. Bar-Kochva, Pseudo-Hecataeus, ‘On the Jews’: Legitimizing the Jewish Diaspora (University of California Press, 1996); M. Stern, Greek and Latin Authors on Jews and Judaism, vol. 1 (1974); O. Murray, “Hecataeus of Abdera and Pharaonic Kingship”, JEA 56 (1970). |
Ben Sira (Eclesiástico / Sirácida)
| FECHA | Hebreo original: ca. 180-175 a.C. (Jerusalén; el elogio del sumo sacerdote Simón II en el cap. 50 sugiere un contemporáneo o casi-contemporáneo; el texto no muestra conocimiento de la crisis macabea de 168-164 a.C.). Traducción/prólogo griego del nieto: autofechado en “el año 38 del rey Evergetes” (Ptolomeo VIII), es decir, 132 a.C. |
| QUÉ DEMUESTRA | [HECHO] La sección “Elogio de los antepasados” (Sir 44-49) recorre, en secuencia narrativa reconocible, Enoc, Noé, Abraham, Isaac, Jacob, Moisés, Aarón, Finés, Josué, Caleb, los Jueces, Samuel, Natán, David, Salomón, Elías, Eliseo, Ezequías/Isaías, Josías, Jeremías, Ezequiel, los Doce Profetas, Zorobabel, Josué hijo de Josadac, Nehemías y Simón II — una selección y orden que replica de cerca la secuencia narrativa de Génesis a Nehemías/Crónicas del corpus bíblico recibido. [INFERENCIA, mayoritaria en la disciplina] Esto demuestra que hacia 180 a.C. Ben Sira conocía un marco histórico Génesis-Nehemías esencialmente equivalente en forma y contenido narrativo al recibido, incluyendo el linaje sacerdotal aarónida y el pacto (Sir 45), y la legislación mosaica en términos generales (Sir 24:23 identifica la Sabiduría con “el libro de la alianza del Dios Altísimo, la ley que nos mandó Moisés”). |
| QUÉ NO DEMUESTRA | No prueba que la redacción textual precisa del Pentateuco estuviera ya fijada palabra por palabra; existe debate académico genuino (Goshen-Gottstein, 2002) sobre si la selección de Ben Sira presupone un canon ya cerrado o un corpus todavía fluido de “textos históricos” venerados. Fragmentos hebreos de Ben Sira en Qumrán (2Q18) y en Masada (Mas1h, paleográficamente de finales del s. II/principios del s. I a.C., debe ser anterior a la caída de Masada en 73/74 d.C.) confirman la circulación temprana del texto hebreo, pero no añaden información directa sobre el Pentateuco mismo. |
| GRADO DE CERTEZA | Alto para la fecha de composición (ca. 180-175 a.C.) y para el conocimiento de un marco narrativo Génesis-Nehemías; medio para la precisión textual exacta que ese conocimiento implica. |
| FUENTE PRIMARIA | Manuscritos hebreos de la Guenizá de El Cairo; Qumrán 2Q18; Masada Mas1h; texto griego con prólogo (Codex Vaticanus, Sinaiticus, Alexandrinus). |
| BIBLIOGRAFÍA MODERNA | P. W. Skehan y A. A. Di Lella, The Wisdom of Ben Sira (Anchor Bible 39, Doubleday, 1987); A. Goshen-Gottstein, “Ben Sira’s Praise of the Fathers: A Canon-Conscious Reading”, en Egger-Wentzel (ed.), Ben Sira’s God (De Gruyter, 2002); K. De Troyer et al. (eds.), The Early Reception of the Torah (DCLS 39, De Gruyter, 2020). |
Jubileos
| FECHA | Mediados del siglo II a.C.; datación estándar (VanderKam) ca. 170-150 a.C., con varias propuestas más ceñidas: L. Finkelstein (1943) defendió 175-167 a.C. (antes de la persecución de Antíoco IV, sin mención de la cual el texto polemiza solo contra la desnudez pública del gimnasio de Jasón); otros (R. Pummer, O. Wintermute) prefieren ca. 150 a.C. Manuscritos de Qumrán (al menos 14-15, incl. 4Q216) fechados paleográficamente desde finales del s. II a.C. |
| QUÉ DEMUESTRA | [HECHO/INFERENCIA fuerte] Jubileos es una reescritura (“Biblia reescrita”) detallada de Génesis 1 a Éxodo 12, organizada en un esquema de 49 jubileos y presentada como dictado angélico a Moisés en el Sinaí, con material legal (calendario, fiestas, pureza) retrotraído a los patriarcas. Esto presupone un Génesis-Éxodo ya esencialmente fijo en su secuencia narrativa y con autoridad suficiente para merecer un comentario/armonización exegética detallada — género que solo tiene sentido en relación con un texto base ya autoritativo. Constituye, junto con Ben Sira, uno de los pilares de la convergencia académica mayoritaria en un terminus ante quem ca. 170-160 a.C., o incluso antes, para Génesis-Éxodo. |
| QUÉ NO DEMUESTRA | No resuelve cuánto antes de 170 a.C. existía ese texto base, ni las cuestiones internas de composición por capas (P, no-P) de Génesis-Éxodo. M. Segal (2007) ha argumentado además que el propio Jubileos contiene capas de redacción internas, lo que matiza cualquier argumento de terminus ante quem que lo trate como bloque monolítico. |
| GRADO DE CERTEZA | Alto para la fecha de Jubileos y para la existencia de un Génesis-Éxodo ya autoritativo hacia 170-160 a.C. |
| FUENTE PRIMARIA | Manuscritos etiópicos completos; fragmentos hebreos de Qumrán (4Q216 y otros). |
| BIBLIOGRAFÍA MODERNA | J. C. VanderKam, Jubilees: A Commentary in Two Volumes (Hermeneia, Fortress, 2018); J. C. VanderKam, The Book of Jubilees (Sheffield Academic Press, 2001); M. Segal, The Book of Jubilees: Rewritten Bible, Redaction, Ideology and Theology (Brill, 2007). |
1-2 Macabeos
| FECHA | 1 Macabeos: ca. 100 a.C. (compuesto en hebreo, conservado en griego), cubre 175-134 a.C., perspectiva pro-asmonea. 2 Macabeos: epítome griego anónimo de una obra perdida en cinco volúmenes de “Jasón de Cirene”; el epítome se data ampliamente entre 150-100 a.C. (con seguridad antes del 63 a.C., pues no muestra conocimiento de la conquista de Pompeyo); la obra base de Jasón se debate entre ca. 150-140 a.C. (D. Schwartz) y época de Alejandro Janneo, 103-76 a.C. (J. Goldstein). |
| QUÉ DEMUESTRA | [HECHO] Ambos libros presuponen y apelan constantemente a “la ley” mosaica como cuerpo normativo ya asentado: observancia del sabbat, circuncisión, pureza dietética, el culto del Templo; el martirologio de 2 Mac 6-7 gira sobre la negativa a transgredir “la ley”; 1 Mac 2:26 alude al celo de Finés (Números 25). |
| QUÉ NO DEMUESTRA | No hay citas textuales extensas ni fórmulas explícitas de citación bíblica (a diferencia de Qumrán o el Nuevo Testamento); el compromiso es a nivel de autoridad legal/narrativa asumida, no de erudición textual explícita. Su valor evidencial para la datación precisa del Pentateuco es limitado, en gran parte redundante respecto a Ben Sira y Jubileos, que son testigos más tempranos y más explícitos. |
| GRADO DE CERTEZA | Alto para la fecha de composición de ambos libros; bajo/redundante como evidencia específica de datación del Pentateuco (corrobora, no añade precisión). |
| FUENTE PRIMARIA | 1 y 2 Macabeos (texto griego, LXX/Vulgata). |
| BIBLIOGRAFÍA MODERNA | J. A. Goldstein, I Maccabees (Anchor Bible 41, 1976) y II Maccabees (AB 41A, 1983); D. R. Schwartz, 2 Maccabees (De Gruyter, 2008); R. Doran, 2 Maccabees: A Critical Commentary (Hermeneia, Fortress, 2012). |
Qumrán (manuscritos pentateucos)
| FECHA | Datación exclusivamente paleográfica (análisis comparativo de formas de letra frente a inscripciones/papiros fechados por otros medios), método desarrollado por F. M. Cross y refinado por E. Tov y A. Yardeni. Los ejemplares más antiguos citados en la bibliografía: 4QExod-Levf (4Q17), ca. 250 a.C.; 4QpaleoGen-Exodl y otros fragmentos en escritura paleohebrea de mediados del s. III a.C.; 4QSamb y 4QExf, ca. 250 a.C. (F. M. Cross); 4QJerb, ca. 200 a.C. |
| QUÉ DEMUESTRA | [HECHO] Copias físicas, datables de forma no inferencial (salvo el margen de error propio del método paleográfico, habitualmente estimado en ±25-50 años), de libros pentateucos esencialmente completos y ya tratados como escritura autoritativa, existían hacia mediados del siglo III a.C. Puesto que una copia es necesariamente posterior a la composición del texto que copia, esto es un terminus ante quem físico, no inferencial. |
| QUÉ NO DEMUESTRA | No dice cuánto tiempo antes de ca. 250 a.C. se compuso el texto subyacente: es compatible tanto con una composición persa (siglo V-IV a.C.) como con una composición helenística temprana (principios del siglo III a.C.), siempre que preceda algo a 250 a.C. Es, sin embargo, un dato que presiona con fuerza la fecha de Gmirkin (273-272 a.C.): entre su fecha de composición hipotética y la copia más antigua paleográficamente datada median, en el mejor de los casos, únicamente unos veinte años — margen extremadamente ajustado para que un texto recién compuesto en Alejandría fuera aceptado como escritura autoritativa, difundido y copiado en Judea/Qumrán en ese lapso, dado además el margen de error inherente al método paleográfico (que podría, en el peor de los casos para Gmirkin, hacer que la copia fuera incluso anterior a su fecha de composición propuesta). |
| GRADO DE CERTEZA | Alto para la metodología paleográfica dentro de su margen de error declarado; la ventana cronológica general (siglo III-II a.C. para las copias más tempranas) no es objeto de disputa seria, aunque sí lo son fechas de fragmentos individuales concretos. |
| FUENTE PRIMARIA | Discoveries in the Judaean Desert (DJD), especialmente DJD IX (Skehan, Ulrich, Sanderson, 1992) y DJD XII (Ulrich et al., manuscritos de Génesis-Éxodo). |
| BIBLIOGRAFÍA MODERNA | F. M. Cross, “The Development of the Jewish Scripts”, en G. E. Wright (ed.), The Bible and the Ancient Near East (1961), 133-202; E. Tov, Textual Criticism of the Hebrew Bible, 3ª ed. (Fortress, 2012); E. Ulrich, The Dead Sea Scrolls and the Origins of the Bible (Eerdmans, 1999). |
Josefo (Antigüedades Judías; Contra Apión)
| FECHA | Antigüedades Judías: ca. 93-94 d.C. Contra Apión: poco después, ca. 96-100 d.C. — más de 350 años después incluso de la fecha propuesta por Gmirkin, y muy posterior a cualquier fecha mayoritaria de composición del Pentateuco. |
| QUÉ DEMUESTRA | [HECHO] Documenta cómo, a finales del siglo I d.C., se defendía apologéticamente la antigüedad del Pentateuco frente a la historiografía griega (Contra Apión 1.6-56), citando —con distintos grados de fidelidad— a Manetón (identificando erróneamente, o siguiendo una identificación ya tradicional, a los hicsos con el Éxodo israelita) y a Beroso (material sobre el diluvio y la cronología babilónica), y reproduciendo casi literalmente la narrativa de la Carta de Aristeas en Antigüedades 12.2 como historia de la traducción de la LXX. |
| QUÉ NO DEMUESTRA | Es inútil como evidencia directa de la fecha de composición del Pentateuco, al ser un testimonio tardío y apologético. Su valor es exclusivamente para la historia de la recepción y transmisión: muestra que, un siglo después de compuesta (Carta de Aristeas, ca. 150 a.C.), la leyenda de la traducción ya se trataba como historia factual establecida —un caso instructivo de cómo un mito de origen se “osifica” rápidamente en “hecho” para lectores posteriores—, y que las citas de Manetón que él transmite son en sí mismas objeto de fuerte disputa académica (¿reproducen el Manetón original, o una versión ya epitomada/reelaborada, filo o antijudía, transmitida por intermediarios?). |
| GRADO DE CERTEZA | Alto para la fecha y el contenido de las obras de Josefo; bajo para la fiabilidad de sus citas de fuentes más antiguas (Manetón en particular) como testimonio fiel de los originales; nulo como evidencia de primera mano sobre la fecha del Pentateuco. |
| FUENTE PRIMARIA | Josefo, Antigüedades Judías 1, 12; Contra Apión 1-2. |
| BIBLIOGRAFÍA MODERNA | J. M. G. Barclay, Flavius Josephus: Translation and Commentary, vol. 10: Against Apion (Brill, 2007); L. H. Feldman, Josephus’s Interpretation of the Bible (University of California Press, 1998); G. P. Verbrugghe y J. M. Wickersham, Berossos and Manetho (University of Michigan Press, 1996). |
PARTE III — Intento de falsación de la fecha de Gmirkin (273-272 a.C.)
Se examinan aquí, de manera activa y no complaciente, los puntos en que la evidencia recabada en la Parte II obliga a colocar partes del Pentateuco antes de la fecha de Gmirkin, los puntos en que es compatible con ella, y los puntos en que permitiría incluso una fecha posterior.
A. Evidencia que presiona hacia una fecha ANTERIOR a 273-272 a.C.
- El Pentateuco Samaritano [INFERENCIA sólida]: un texto no se convierte en escritura fundacional compartida por dos comunidades sacerdotales rivales (Jerusalén y Guerizim) después de que estas ya se han enemistado. La coexistencia pacífica —o al menos no hostil— entre ambos centros está documentada hasta ca. 400 a.C. (Elefantina) y el cisma definitivo no se sitúa antes del siglo II a.C. (destrucción de Guerizim por Juan Hircano, 128-111 a.C.). El escenario más económico es que un Pentateuco compartido ya gozaba de autoridad en ambos centros bastante antes de esa ruptura — lo cual, sin fijar una fecha exacta, hace estructuralmente más plausible un origen persa o, como muy tarde, del cambio de siglo IV-III a.C., que una redacción repentina en Alejandría en 273-272 a.C. y su inmediata adopción por Guerizim en el intervalo de una generación.
- El estrechísimo margen paleográfico de Qumrán [HECHO + INFERENCIA]: 4QExod-Levf y textos afines, fechados paleográficamente ca. 250 a.C., dejan una ventana de apenas veinte años frente a la fecha de composición de Gmirkin, dentro de la cual tendrían que producirse: la redacción final en Alejandría, su aceptación como texto autoritativo por la gerousia y el sumo sacerdocio de Jerusalén, su difusión a Judea, y su primera copia manuscrita conocida —un proceso de estandarización y difusión que, en cualquier otro caso análogo de la Antigüedad, toma generaciones, no décadas—. Esto no refuta lógicamente a Gmirkin (el margen de error paleográfico podría, en el límite, permitirlo), pero constituye la objeción empírica más incómoda para su cronología, señalada además por reseñas críticas independientes (p. ej. J. Rilett Wood en la Journal of Hebrew Scriptures).
- Génesis 1-11 y los paralelos mesopotámicos anteriores a Beroso [HIPÓTESIS de la crítica independiente frente a HIPÓTESIS de Gmirkin]: buena parte de la crítica académica no-Gmirkin observa que los paralelos entre Génesis 1-11 y la literatura mesopotámica (Atrahasis, Enuma Elish, el Gilgamesh, la Lista Real Sumeria) son, en varios puntos, más cercanos a las versiones cuneiformes originales que a la paráfrasis griega de Beroso —que introduce sus propias reformulaciones y selecciones—, lo que socava el argumento de Gmirkin de que Beroso (278 a.C.) es la única vía de transmisión plausible. Si esto es correcto, algunos materiales de Génesis 1-11 podrían reflejar contacto (directo o mediado) con tradiciones mesopotámicas bastante anteriores a 278 a.C. —posiblemente ya en el periodo neobabilónico o persa—, sin necesidad de pasar por Beroso en absoluto.
- Elefantina y la ausencia de polémica contra el yahvismo diaspórico [INFERENCIA, débil pero digna de mención]: si el Pentateuco (con su exigencia de centralización cúltica en Jerusalén, Dt 12) hubiera sido redactado ya en 273-272 a.C. —cuando la comunidad judía de Elefantina llevaba más de un siglo de existencia y de práctica de sacrificios en un templo propio fuera de Jerusalén, documentada hasta al menos 399 a.C.— cabría esperar alguna polémica o eco textual contra ese tipo de prácticas diaspóricas concretas en el propio Pentateuco; su ausencia es compatible con varias explicaciones y no constituye prueba fuerte en ningún sentido, pero no favorece de manera especial una redacción tan tardía y tan directamente ligada al mundo alejandrino.
B. Evidencia COMPATIBLE con la fecha de Gmirkin
- La Septuaginta (273-269 a.C.): es, en efecto, la primera evidencia externa firme y objetivamente datable de un Pentateuco completo en cualquier idioma; nada anterior a ella resiste el escrutinio crítico como testimonio inequívoco (el caso de “Hecateo” 40.3 queda neutralizado, con buenos argumentos, por el propio Gmirkin). En este punto específico —el terminus ad quem duro— la investigación independiente coincide sustancialmente con Gmirkin: no hay ningún testimonio pre-273 a.C. que resista el escrutinio crítico como prueba inequívoca de un Pentateuco ya redactado.
- Manetón (285-280 a.C.) y Beroso (278 a.C.) como terminus a quo mínimo para ciertos motivos concretos: independientemente de si se acepta la tesis fuerte de Gmirkin (dependencia literaria directa y polémica deliberada), es plausible, y no exige aceptar el resto de su edificio, que algunos motivos y detalles concretos del relato del Éxodo (topónimos del canal Nilo-Mar Rojo, la leyenda de Nectanebo aplicada a Moisés) reflejen efectivamente conocimiento de la temprana época ptolemaica y hayan sido incorporados en una fase de redacción o revisión de esa época — sin que ello obligue a fechar todo el Pentateuco, ni sus estratos legales o sacerdotales más antiguos, en el mismo momento.
C. ¿Permite la evidencia una fecha INCLUSO POSTERIOR?
No hay ningún testimonio recabado en la Parte II que apunte de forma creíble a una fecha de composición posterior a 273-272 a.C. para el conjunto del Pentateuco. Al contrario: la convergencia de Demetrio el Cronógrafo (ca. 200 a.C.), Ben Sira (ca. 180 a.C.), Jubileos (ca. 170-160 a.C.) y los manuscritos de Qumrán (ca. 250 a.C.) cierra progresivamente la ventana por arriba, no por abajo: cuanto más se examina la evidencia del siglo II a.C., más claro resulta que el Pentateuco ya estaba firmemente establecido, copiado y objeto de reescritura exegética detallada bastante antes de esa centuria. La única propuesta seria de datación más tardía que circula en la disciplina —la de Yonatan Adler (The Origins of Judaism, 2022), que sitúa la observancia práctica y generalizada de la ley mosaica no antes de la época asmonea (siglo II-I a.C.)— se refiere expresamente a la recepción social y la práctica, no a la existencia textual del Pentateuco, y Adler mismo no defiende una composición tan tardía como la de Gmirkin.
D. Balance
[HECHO] Existe un Pentateuco completo, en forma griega y por tanto (por necesidad lógica) en forma hebrea previa, hacia 273-269 a.C. [HECHO] Existe una copia manuscrita hebrea, paleográficamente datada, de al menos partes del Pentateuco hacia 250 a.C. [INFERENCIA fuerte, prácticamente consensuada] Existía ya un Pentateuco compartido y autoritativo para las comunidades de Jerusalén y Guerizim antes de su ruptura política definitiva (siglo II a.C., posiblemente bastante antes). [INFERENCIA] Los testimonios convergentes de Demetrio (200 a.C.), Ben Sira (180 a.C.) y Jubileos (170-160 a.C.) presuponen sin ambigüedad un Génesis-Deuteronomio ya fijado y autoritativo, cerrando el margen superior de la ventana de composición. [HIPÓTESIS, no exigida por la evidencia y objeto de fuerte disputa académica] Que la totalidad del Pentateuco —incluidas sus capas legales y sacerdotales, no solo ciertos motivos narrativos del Éxodo— fuera compuesta ex novo en Alejandría en el bienio 273-272 a.C. por el mismo equipo que tradujo la Septuaginta.
La fecha de Gmirkin no queda falsada de forma concluyente por ninguno de los testimonios examinados —ningún dato obliga estrictamente a rechazarla—, pero tampoco queda confirmada por ninguno de ellos: los tres testimonios más citados en su propio favor (Beroso, Manetón, la Septuaginta) establecen como máximo un terminus a quo (278/280 a.C.) y un terminus ad quem (269 a.C.) para la existencia del texto, sin exigir en absoluto que la composición íntegra ocurriera en esa ventana concreta ni en ese lugar concreto; y la evidencia samaritana y qumránica ejerce una presión real, aunque no decisiva, hacia una composición algo anterior.
PARTE IV — Ventana cronológica final
Terminus post quem ← composición posible → terminus ante quem
| TERMINUS POST QUEM (duro) | Ca. 285-278 a.C. — únicamente para los motivos concretos y verificables de dependencia de Manetón/Beroso identificados por Gmirkin (ciertos elementos del relato del Éxodo y de Génesis 1-11). [HIPÓTESIS] No es necesariamente el terminus post quem del Pentateuco en su conjunto, ni de sus estratos legales, sacerdotales o narrativos más antiguos, cuya génesis puede remontarse, según la mayoría de la crítica independiente, al periodo persa (siglo V-IV a.C.) o incluso a tradiciones preexílicas parcialmente incorporadas. |
| VENTANA DE COMPOSICIÓN/REDACCIÓN FINAL POSIBLE | Ca. 400-270 a.C. (persa tardío a helenístico temprano). Dentro de esta ventana amplia coexisten, sin resolución consensuada: (a) la posición mayoritaria de finalización persa, ca. 450-350 a.C. (Ska, Schmid, Gertz); (b) la posición neodocumentalista de fuentes más antiguas con redacción final no posterior al periodo persa (Baden, Stackert); y (c) la posición minoritaria de Gmirkin de composición unitaria helenística, 273-272 a.C., que este informe no encuentra confirmada de forma independiente, aunque tampoco estrictamente descartada para ciertos retoques o motivos puntuales de la fase final de redacción. |
| TERMINUS ANTE QUEM (duro) | Ca. 250-200 a.C., fijado convergentemente por cuatro líneas independientes: los manuscritos qumránicos más antiguos (ca. 250 a.C., paleografía), el Pentateuco Samaritano (implica un texto ya compartido antes del cisma, situable holgadamente antes del siglo II a.C.), Demetrio el Cronógrafo (ca. 200 a.C., dependencia filológica segura de la LXX) y, algo después pero reforzando el cuadro, Ben Sira (180 a.C.) y Jubileos (170-160 a.C.). |
Generaciones sacerdotales judías dentro de esa ventana
Si se adopta la ventana amplia 400-250 a.C. como marco realista de composición/redacción final (compatible con la mayoría de la evidencia recabada, y dejando espacio tanto para la posición mayoritaria persa como, en su extremo más tardío, para una fase final de retoques bajo los primeros Ptolomeos), las generaciones del sumo sacerdocio judío documentadas por Josefo (Antigüedades 11) que vivieron dentro de ese marco —con las reservas ya señaladas sobre la fiabilidad de la lista josefina para el periodo persa temprano— son aproximadamente las siguientes:
| Ca. 410-400 a.C. | Johanán (mencionado como “rab cohen” en los papiros de Elefantina, TAD A4.7.17-18, ca. 407 a.C.) — el único sumo sacerdote de este periodo con atestación documental directa, no solo literaria tardía. |
| Ca. 400-350 a.C. | Jadúa (según Josefo, Ant. 11.302-347, sincronizado —de forma legendaria y cronológicamente problemática— con Alejandro Magno; posible relación con el nombre “Yaddua” atestiguado en acuñaciones de Yehud del periodo persa tardío). |
| Ca. 350-300 a.C. | Onías I y Simón I (“el Justo”), sumos sacerdotes de la transición persa-helenística temprana según la lista de Josefo; periodo de las conquistas de Alejandro y de la temprana dominación ptolemaica sobre Judea (desde 301 a.C.). |
| Ca. 300-250 a.C. | Eleazar (bajo cuyo sumo sacerdocio la Carta de Aristeas sitúa, legendariamente, la embajada a Ptolomeo II) y Manasés — el periodo exacto en que, según Gmirkin, se habría producido tanto la Septuaginta como la composición del Pentateuco (273-272 a.C.), y en que, según la evidencia independiente examinada, el Pentateuco ya alcanzaba su forma final o estaba muy próximo a ella. |
| Ca. 250-200 a.C. | Onías II y Simón II (“el Justo”, el sumo sacerdote elogiado en Sir 50, distinto del anterior Simón I según la cronología convencional aunque el asunto de cuál Simón elogia Ben Sira es objeto de debate académico) — generación bajo la cual, según la evidencia independiente, el Pentateuco ya circulaba como texto autoritativo fijado, siendo objeto del elogio de Ben Sira poco después de esta generación. |
Conclusión de la Parte IV: la ventana cronológica que la evidencia independiente exige con mayor solidez para la existencia de un Pentateuco ya completo y autoritativo (250-200 a.C., como terminus ante quem duro) coincide, en su extremo más temprano, con el momento exacto que Gmirkin propone como fecha de composición (273-272 a.C.) — lo cual explica por qué su tesis, aunque minoritaria, no es descabellada ni fácil de descartar solo con el terminus ante quem. Pero la evidencia de una fecha de composición más temprana (el Pentateuco Samaritano, la posible prioridad de tradiciones cuneiformes directas sobre la mediación de Beroso, y el argumento acumulado de la crítica mayoritaria sobre estratos preexílicos y persas) sitúa el terminus post quem realista bastante antes de lo que Gmirkin sostiene, en el periodo persa tardío. La hipótesis de Gmirkin sigue siendo, con la evidencia aquí reunida, una fecha límite plausible para la redacción final o la estabilización última de ciertos motivos y pasajes concretos, pero no queda demostrada —ni resulta la explicación más económica— como fecha de composición de la totalidad del Pentateuco.
Fin del informe.

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